15 de junio de 1893, Colombia entera estrena un camino por el cual ingresaría el progreso a este país del sagrado corazón, en un sitio donde por estratégica ubicaciones geoestacionaria (no se que significa eso) ingreso todo en todas las materias a este país reolvidado y sin memoria.
Sin memoria y sin memorias, casi 200 años después de que desembarcaron, árabes, alemanes, judíos errantes, chinos y demás culturas por este estratégico muelle, ubicado en lo que en su momento fue el primer puerto de Colombia, le dimos nuestra espalda y una vez mas olvidamos todo lo bueno que nos trajo.
Con extrema frialdad lo olvidamos, como quien olvida un viejo en un asilo para no escuchar el llanto de la soledad de su vejez mal llevada, como quien olvida a su suerte a un perro anciano que en su juventud nos dio tanta compañía y nos brindo su mas sincera amistad.
Hemos observado impávidos que en los últimos 3 años nuestro viejo muelle ha venido desmembrándose, nadie hizo ni hará nada por ayudarle, nuestro amigo muere lentamente desangrándose tan lentamente como un suero ingresa al torrente sanguíneo.
Por obras maquiavelas de un ente burlón una brisa fría, corrientes heladas provenientes de cualquier polo, pero que en realidad proviene de la desidia de sal en que hemos dejado al forjador del progreso colombiano, lo golpeo casi tan fuerte como lo hemos golpeado condenandolo a un olvido infrahumano.
Nuestro amigo muere, pierde pedazos de si, una obra arquitectónica que debería estar salvaguardada como un tesoro invaluable, se vio desprestigiado, acabado, olvidado, quien en sus años de gloria era amado y ovacionado.
Tal vez estas cortas palabras no logren hacer meya ni tocar ninguna fibra recognita de ninguna autoridad para meterle mano al viejo moribundo, si no lo lograron los senos al aire de lugareñas intentando ser vistas pero intentando mas que vieran el horror que estaba sufriendo la estructura, cuando aun se podia lograr algo.
Mucho menos miraran este escrito como una protesta cierta y sensata sobre los que asistimos diariamente a la muerte de este gigante que yace entre la sal, la brisa y el olvido.Solo espero que las futuras generaciones, esas que no podrán saber del muelle, puesto que donde se almacena la información relevante sobre sus años de gloria (Museo Romántico) también esta sufriendo el mismo desprecio y desdén con que hoy condenamos a muerte a este viejo amigo, no nos cobren haber dejado morir un patrimonio de nuestra historia.
Nuestro amigo lo merece, las generaciones pasadas lo merecen, nosotros lo merecemos, ¡POR FAVOR METANLE MANO AL MUELLE ANTES QUE SE TERMINE DE CAER!!!!

